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APOYO DURANTE EL DUELO

 

EL MOMENTO DE DESPEDIR A LOS PADRES

NOVIEMBRE 2021

          Cuando pensamos en la vida y sus etapas, todos sabemos que la muerte de nuestros padres es una de ellas inevitablemente. Aunque lo qué más quisiéramos es que sean eternos, sabemos que ello no es posible. A pesar de ser conscientes de que es una ley de la vida, ¿Qué pasa cuando llega ese momento? ¿Por qué duele tanto? ¿Realmente lo sentimos como lo pensábamos? ¿Estamos preparados?

          Si nos referimos al porqué de lo tan dolorosa de la pérdida, una de las primeras cuestiones que debemos tener en cuenta es la naturaleza del vínculo. La conexión que tenemos a nuestros padres es única, debido a que es el primer vínculo que poseemos. Son nuestros vínculos primarios, los fundantes de nuestra historia. Así, al sufrir la pérdida de alguno de ellos, podemos sentir que perdemos un punto de referencia en la vida. Esto puede llevarnos a sentir una enorme sensación de soledad, dependiendo por supuesto también mucho de la etapa vital que estemos viviendo. También podríamos pensar que esta pérdida nos representa una rotura del lazo con nuestra infancia: se van quienes más nos conocieron, quienes vivieron con nosotros cada etapa y eso significa la pérdida de una parte de mi vida, de mis recuerdos y vivencias.

          Esta ruptura nos lleva indefectiblemente a una reconstrucción de nuestra identidad, la cual implica muchos cambios. Uno de ellos podría ser el introducirnos en una nueva etapa: dejar de ser el niño/a, dejar de ser hijx, para efectivamente pasar a ocupar el lugar de adulto. Porque a pesar de la edad, solemos seguir ocupando ese lugar de quien necesita un consejo, una caricia, una palabra de aliento, protección, etc. En muchas oportunidades también puede ser vivido de forma pasiva como un abandono, pudiendo causarnos diferentes emociones negativas como enojo, culpa, y hasta paralizarnos en muchos aspectos.

          Siempre resalto la especial característica del duelo que nos habla de un proceso muy subjetivo, donde las vivencias son diferentes para cada persona. A propósito de ello, en este tipo de duelos puede aparecer la conflictiva de cómo lo vive cada integrante de la familia. Así, suelen aparecer culpas o reproches, por ejemplo, por cómo lo vive cada hermano. Puede haber quien se sienta muy triste y devastado y le cueste continuar con muchas actividades, como también quien lo transite con tristeza, pero con menos pesar, pudiendo salir adelante más rápidamente. Es importante que en estos casos evitemos juzgar a los demás, ya que cada uno lo vive a su forma, y ninguna de ellas significará mayor o menor cariño, por ejemplo.

            A pesar de todo lo que mencionamos, existe también otra realidad, y es aquella de lxs hijxs que no han tenido un buen vínculo con sus progenitores, por quienes hasta quizás hayan tenido sentimientos negativos. En estos casos, muchas veces se juzga al ver estas personas en duelo, o no se logra entender cómo es que sienten pesar por la pérdida de alguien a quien no le tenían mucho cariño. Estxs hijxs, transitan un proceso de duelo no sólo por el padre/madre que tenían, sino también por los padres que nunca han tenido, lo cual, aunque inconscientemente, implica también un gran dolor.

            Evidentemente no es fácil de transitar cuando llega la muerte de los padres. Es un momento inevitable en la vida y para el que nunca estamos preparados. Es el comienzo de una nueva relación, en la que aprendemos a vivir con el ser querido perdido, pero desde otro lugar. Es el momento de reunir recuerdos, recuperar anécdotas lindas y por qué no, honrar la memoria de nuestro padre o madre. También, darnos el tiempo para dejar ir pertenencias, lo cual va ser resultado del trabajo del duelo que debemos atravesar. Llegará el momento en que estemos listos para soltar esas cosas que tanto valor tenían para quienes no están, entendiendo que el mayor valor lo tendrán los recuerdos que atesoraremos para siempre en nuestro corazón.

            Como siempre, y atendiendo a las dificultades de estos momentos, estoy para acompañarte a transitarlos. ¡Nunca estás solo!

                                               Un fuerte abrazo.

                                              

¡Un gran abrazo!

Ps. Willams Brenda

MP. 15876