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APOYO DURANTE EL DUELO

 

EL DUELO POR LA MUERTE DE UN HIJO

OCTUBRE 2021

“Sabemos que el agudo dolor que sentimos

después de una pérdida semejante

llegará a su fin, pero permanecemos inconsolables

y nunca encontraremos un sustituto” S. Freud.

 

          Como ya hemos mencionado, todos los duelos son diferentes y por supuesto, dolorosos. Pero hay uno de ellos que podríamos calificar como especial, por su carácter de impensado, imposible y por una idea o ley de vida que nos dice que los tiempos no deben ocurrir así. Con esto me refiero a los duelos que deben atravesar los padres, con la pérdida de un hijo. Un dolor que suelen definir como inconcebible, imposible de explicar, describir, y hasta sin posibilidades de superar. Cuando un esposo o esposa muere, decimos que es “viudo/a”, cuando un padre o madre muere, el hijo queda “huérfano/a”, pero ¿cómo llamamos cuando un padre queda sin su hijo/a? No hay una palabra específica que logre designar a esta situación, quizás por eso el dolor sea indescriptible. Lo que no se nombra no existe o queda invisibilizado, haciéndolo muy difícil de afrontar.

          No resulta fácil aceptar una pérdida como tal, por lo que en el trascurrir del proceso pueden aparecer diferentes reacciones psicológicas como una profunda tristeza, dolor, pena, como también varios síntomas somáticos, como pérdida de apetito, cansancio extremo, insomnio, etc. En una pareja, por ejemplo, cada padre o madre lo podrá vivir distinto, siendo muy necesario que cada uno realice su propio duelo, que se respeten los tiempos y las diferentes vivencias de cada uno. Sin dudas que el poder acompañarse en pareja, puede traer un gran alivio. A pesar de esto, el inmenso dolor puede poner a prueba la estabilidad de la pareja, afectando enormemente el vínculo. El estrés, la desazón, los reproches, los diferentes sentires, pueden hacer que enfrentar esta pérdida sea un doble desafío.

          Pero este desafío no se da únicamente en la pareja, sino en la familia en general. Cada nueva realidad genera importantes cambios en el sistema, y la pérdida de un integrante por supuesto que influye en este sentido. Así, si hay hermanos/as, éstos también pueden verse afectados, sin importar la edad que tengan. Además de sentirse ellos tristes por la pérdida, inevitablemente viven la tristeza de sus padres, quienes, ante una situación así, es normal que estén preocupados por otras cuestiones, por el hecho de estar haciendo su propio duelo.  Esto puede llevar a los otros hijos a sentirse solos o desatendidos, sumándole más dolor a la situación. Por todo esto, es muy importante que la familia se mantenga unida, que se brinden contención mutua, respeto, paciencia, y sobre todo que se organicen para que el duelo no interfiera en el cuidado de otros niños/as.

          Además de la profunda tristeza de enfrentar esta realidad, los padres se topan por momentos también con un importante sentimiento de culpa por haber “sobrevivido” ellos y no sus hijos. Esta culpa muchas veces les hace pensar que no tienen derecho a volver a ser felices, o disfrutar de la vida, haciéndolos inconscientemente querer permanecer en ese estado. Por supuesto que en principio esto se va a sentir, pero pasado un tiempo no está mal que puedan volver a pensar en ellos, disfrutar y continuar viviendo feliz, a pesar de que su hijo/a no esté más. Esto también a veces los lleva a replantearse su figura de padres, ¿se continúa siéndolo cuando el hijo ya no está? Claro que sí, lo que sucede es que la presencia de los hijos es lo que da sentido a la paternidad, y su ausencia pone de manifiesto la pérdida de estas identificaciones. Jean Allouch, un psicoanalista francés sostiene que “con un hijo, la pérdida es más radical, se pierde no solo un ser amado, o un pasado en común, sino lo que potencialmente un hijo hubiera podido brindar de haber vivido. La medida del horror de quien está de duelo es en función de la medida de la no realización de la vida del muerto”. Esto nos permite entender que lo que se pone en juego es la propia historia. Un poquito de mí, un poquito de vos, y mucho del futuro, lo cual resulta sumamente doloroso e inconcebible para nuestro aparato psíquico.

          No quedan dudas de que la realidad de perder un hijo no será fácil, siendo quizás la más dolorosa de las realidades, por lo que estos duelos pueden ser más prolongados que otros. Sin embargo, es posible superarlos y que esta desafortunada experiencia resulte también transformadora. Si no hay nada peor que pueda suceder, se pierde el miedo, y sin dudas que vivir la vida sin miedo es una experiencia muy diferente. Resulta fundamental entonces que los padres en duelo se den el tiempo para vivirlo, el lugar para expresar las emociones propias de estos procesos, para poder lograr la aceptación de la pérdida como irreversible. El poder compartir con otros las vivencias, sentirse libres de poder recuperar recuerdos, anécdotas o simplemente describir cómo lo sienten. Todo resulta sanador para, de a poco, poder volver a construir un proyecto de vida y nuevas metas, pudiendo recordar sin dolor, sin esa angustia que los desarme.

          Como siempre digo, acá estoy para escucharte y acompañarte. Nada va a quitar tu dolor, pero sí puede contribuir a que sea más liviano. Animate a pedir ayuda si lo necesitas, ¡puede ser muy saludable para vos y los que te rodean!

                                              

¡Un gran abrazo!

Ps. Willams Brenda

MP. 15876